Si nos ceñimos estrictamente a la consideración de que la ludopatía es el carácter obsesivo con que una persona actúa, perdiendo la capacidad de decidir acerca de algo, donde se evidencia dependencia y predominio del accionar supeditado a una señal superior a su voluntad, pudiéramos considerar que existe la adicción al uso de la telefonía móvil, pues hay personas que no pueden vivir sin su teléfono celular.
Un estudio realizado por la empresa surcoreana Digital Lab destacó que el 76,5% de los adictos a la telefonía escuchan sonar su celular incluso cuando se encuentra apagado, llegando incluso a encontrar otros que lo escuchan incluso cuando están dormidos Este estudio demuestra que en razón de género las mujeres están más afectadas que los hombres al encontrase que el 82,5% de las mujeres sufre de algún síntoma de esta adicción mientras que en los hombres, el 69,8% padece de esta dependencia.
En Chile se ha publicado un estudio en el sitio “Las Últimas Noticias” donde se afirma que entre los síntomas más frecuentes se encuentra la extrema dependencia con el celular, usándolo para llamadas innecesarias y revisar si hay mensajes de forma continua e innecesaria. Esto lo podemos apreciar en el entorno diario que nos rodea, solo hace falta dedicar unos minutos a la observación cuando estamos en un lugar público.
Y así las cosas, sin lugar a dudas que el abuso del celular puede acarrear estos efectos. ¿Significa que dejaremos de usarlo? ¿Acaso abandonaremos el disfrute del uso de uno de los adelantos tecnológicos más maravillosos de la contemporaneidad? ¿Podremos pasárnosla sin él? No son preguntas capciosas, solo pretendemos confrontarnos con la realidad.
Algo similar sucede con los juegos, pueden afectar a aquellos susceptibles por su personalidad, como es susceptible el que padece de alergia, y esto no conlleva que la persona deje de vivir en su medio natural. Entonces el justificar que algunas medidas restrictivas están basadas en el peligro del juego patológico no es más que un vulgar pretexto…o es que se esconde algún interés más allá de lo que se dice.