El juego en línea llegó para quedarse.

Los derechos de libertad de comercio y sobre la libertad de establecimiento consagrados en los artículos 56 y 49 del Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea deben aplicarse a los juegos de azar, pero evidentemente no hay voluntad política de que este sea el de cursar para el establecimiento de las entidades que comercializan los juegos de azar en línea y hacen, de esta forma, que permanezcan los monopolios de los diferentes estados acerca de este tipo de actividad comercial.

En paralelo no debemos despreciar el interés económico de los casinos convencionales. En España encontramos que Eduardo Antoja, presidente de COFAR, la gran patronal del sector, asegura que “la expansión incontrolada de las punto.com le ha hecho mucho daño a su sector, que perdió en 2009 un 9,5% de su facturación, 1.900 millones de euros.
 
En los últimos tres años cerraron 40 bingos (de 400) y tres casinos (de 40)”. Y afirma que la pérdida de facturación del sector "no se debe solo a la crisis, sino también al trasvase de jugadores hacia Internet, más atractivo y con premios más altos, algo que pueden hacer debido a los mejores costes de Internet y porque estas empresas, al no estar reguladas, no pagan impuestos". Y es lógico tener en cuenta este punto de vista pues representa "el 1,5% del PIB (16.000 millones de euros), emplea a 100.000 personas y contribuyó en 2008 con 1.800 millones a las arcas públicas".
 
En contraste encontramos que Sacha Michaud, presidente de AEDAPI, que agrupa a las empresas de juego en Internet, señala que el juego en Internet sigue sin regularse en buena parte de Europa. "Apenas se ha regulado en Reino Unido, Austria, Italia, Francia y Malta".
Incluso el Reino Unido, que con anterioridad se mostro partidario del libre mercado de juegos de azar, ha anunciado que es probable que se introduzca un sistema de licencias a nivel local para permitir que los operadores “offshore” puedan acceder al mercado del Reino Unido.
 
Por último y lo más importante, la certeza creada por un sistema de licencias agrega valor desde la perspectiva del inversor. El estado de ánimo predominante en Europa da cabida a que los operadores consideren la posibilidad de cobertura de sus apuestas incluso antes de la apertura de un régimen de licencias. Hay muy pocos Estados miembros que prohíban todas las formas de contratación externa.