La fuerza pujante de la industria del juego y el ocio.

Toda acción tiene una reacción…es un principio de la física enunciado por Newton y reconocido como la tercera ley que establece que “cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto”. Lo que está ocurriendo a nivel mundial sobre los vaivenes de la aprobación del juego en línea u online, no es excepción.

Acerquémonos solo superficialmente a una de las causas fundamentales que afectan aprobaciones, titubeos y porque no, respuestas de envidia y egoísmo que conducen al misoneísmo más absurdo y desprovisto de lógica y de razón. En el 2008, cifras conservadoras, consideraban que el negocio de los juegos de azar en línea generaba un flujo a nivel mundial de 17.870 millones de dólares. Se calcula que para el 2012 la cifra estará por arriba de los 35 mil millones de dólares. El 41 por ciento del total de jugadores y el 38 por ciento del flujo de ese dinero, unos siete mil millones de dólares, provienen del continente europeo. En España se calcula que se jugarán 1.120 millones de dólares en el 2012.
 
Se jugaron 500 millones en el 2008 y se estima para este año, en 780 millones. En los Estados Unidos de Norteamérica, donde no se permite el juego a través de Internet desde el 2006, los estimados abundan en que uno de cada tres jugadores en línea del mundo lo hacen desde ese país, con una cifra superior a los 3.500 millones de dólares, cantidad estimada teniendo en cuenta una progresión de crecimiento similar a la del resto del mundo.
 
Estos montos denuncian uno de los trasfondos de las batallas legales que se libran acerca del juego en línea. Es que la acción de incrementarse el éxito económico del juego en línea conlleva, inexorablemente, a la reacción de disminuir el juego en los casinos reales, es decir, la afluencia de jugadores ha disminuido notablemente y eso perjudica a un sector poderoso que no quiere perder sus beneficios.                                       
 
Pero por otro lado están los Gobiernos de los países involucrados, que ven como se les va de las manos una suntuosa cifra de beneficios por los impuestos que no pueden cobrar al no existir un marco legal que lo ampare. Veamos tan solo como se comportaría para el caso de España, partiendo del supuesto que la actividad mantenga para el 2012 el ritmo de crecimiento sostenido hasta el momento y se conserve la falta de regulación estatal, lo que daría lugar a que los impuestos no percibidos superarán holgadamente los mil millones de dólares.
                          
La reacción es lo que estamos observando, y conlleva la flexibilización de las medidas restrictivas impuestas al juego en línea. El debate está abierto frente a una realidad impetuosa, y que transita por reconocer la fuerza pujante de la industria del ocio.