Algunos países han prohibido el juego en línea. Y no está en dependencia de formas de pensar, ideologías o religiones. Algunos de ellos entre sí con posiciones antagónicas en diversos temas, pero comunes en relación a los juegos de azar a través de Internet. Este es el caso de Estados Unidos, Afganistán, Bulgaria, China, Croacia, Irán, Irak, Israel, Malasia, Singapur, Sudán, Tailandia, Malta, Turquía y Rusia.
Mientras tanto, junto a España, se encuentran en proceso de elaboración de sus respectivas leyes países como Dinamarca, Grecia, Rumania y Suiza en aras de poner orden en el caos actual del juego online, y llenar el vacío legal existente, tal y como han hecho Alemania, Austria, Reino Unido, Francia e Italia. La falta de normativas regulatorias provoca la carencia generalizada de control, salvo en casos, como el de Bwin, que cotiza en la bolsa austriaca.
Si la actividad de juego online en España estuviese regulada, se recaudarían los impuestos sobre beneficios, las multas y los recargos, lo que se valora que superaría los 2.000 millones de euros anuales.
Según datos de la Asociación Española de Apostadores por Internet, la AEDAPI, el juego y las apuestas por Internet en España generaron el pasado año un volumen de beneficios que ascendió a 260 millones de euros, una cantidad que superará este año los 300 millones a pesar de la crisis.
Las discusiones y posiciones, a veces irreconciliables, dejan espacio a lo único sensato, prudente y coincidente. Nada mejor que usar, por su sintética expresión una frase de Ocaña y Pérez de Tudela, Secretario de Estado de Hacienda y Presupuestos “hace falta modernizar un sector que tiene una regulación arcaica”.